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Dar de nuevo a la clase obrera su Partido comunista verdadero
Tarea fundamental del ROCML

(Conferencia nacional del ROCML – 8 y 9 Septiembre 2018)

« En su lucha contra el poder colectivo de las clases poseedoras, el proletariado no puede actuar como clase sino constituyéndose él mismo en partido político propio y opuesto a todos los antiguos partidos formados por las clases poseedoras.

Esta constitución del proletariado en partido político es indispensable para asegurar el triunfo de la revolución social y el logro de su fin supremo: la abolición de las clases.

La coalición de las fuerzas obreras, obtenida ya por medio de la lucha económica, debe servir también de palanca en manos de esta clase en su lucha contra el poder político de sus explotadores.

Por cuanto los señores de la tierra y del capital se sirven siempre de sus privilegios políticos para defender y perpetuar sus monopolios económicos y sojuzgar el trabajo, la conquista del poder político pasa a ser el gran deber del proletariado. »

Este destacado articulo 7a de los estatutos que Karl Marx hizo aprobar al Congreso de la Primera Internacional de La Hague y que, claro y conciso, fija a la clase obrera sus objetivos, ha sostenido toda la actividad de los comunistas desde la Primera Internacional hasta la Tercera Internacional y todos sus éxitos de los cuales la revolución de Octubre es el mejor ejemplo.

Pero hace ya más de medio siglo que el proletariado mundial ha perdido toda independencia política, consecuencia de la dominación del revisionismo sobre el movimiento comunista internacional después de la muerte de Stalin y del XX congreso del Partido Comunista de la Unión soviética.

En Francia, el PCF, cuyas posiciones antimarxistas se revelaron muy temprano, fue llevado por la tormenta hasta llegar a ser el partido social-demócrata actual.

Ha habido intentos por crear un partido comunista nuevo. Fracasaron. Los comunistas que quedan comprometidos con la teoría revolucionaria marxista-leninista están sea sin organización, sea dispersos en organizaciones en condiciones de grupúsculos sin influencia política, desconectados de la clase obrera o teniendo, a lo mejor, lazos rudimentarios con esta.

De manera general los comunistas subestimaron la nueva situación creada y el alcance del trabajo por cumplir. El capitalismo logró al salir de la segunda guerra mundial reanudar su desarrollo. La dominación del imperialismo se extendió al mundo entero permitiendo la explotación de los pueblos y del proletariado a un grado nunca alcanzado. En las metrópolis imperialistas ha podido sobornar a gran escala las capas superiores del proletariado por concesiones políticas y materiales hechas al corriente reformista. La esperanza en un avenir mejor con el socialismo y el comunismo ha sido eliminada en la consciencia colectiva de los trabajadores.

En estas condiciones la reconstrucción de un Partido comunista verdadero no se puede emprender por la simple voluntad subjetiva de los comunistas. No basta con organizarse conforme a los principios leninistas de edificación de un Partido comunista para que la clase obrera sigua el movimiento.

La clase obrera – es decir el conjunto de los trabajadores explotados por el capital, colectivamente – no tiene consciencia actualmente de su lugar de fuerza motriz en el seno de la sociedad capitalista, capaz de liberarse de la explotación que sufre y al mismo tiempo de cumplir una misión histórica, la de conducir la edificación de la sociedad socialista, comunista, sin clases. El nivel de consciencia de los trabajadores es débil en lo que concierne la comprensión, tanto de las relaciones de producción capitalistas como fuente de explotación y opresión, como de la necesidad de derrumbar el poder de la burguesía para liberarse de esta situación. Hasta entre los militantes sindicalistas y políticas los más conscientes, la confusión prevalece. Esta falta de consciencia hace que los trabajadores quedan prisioneros del carácter espontaneo de sus luchas, lo que los expone a la influencia de la ideología burguesa y en particular del reformismo vehiculado por las capas de la pequeña burguesía.

La edificación del Partido se enlaza dialécticamente con la toma de consciencia necesaria de parte de los trabajadores. El desarrollo de esta nutre el progreso en la edificación del Partido, el cual refuerza así su capacidad de guiar los trabajadores en las luchas a través de las cuales estos se oponen a la clase capitalista. Hay que precisar aquí que este proceso de edificación del Partido no debe concebirse de un punto de vista puramente numérico; debe ir a la par con la asimilación profundizada de la teoría del marxismo-leninismo, base fundamental para que el Partido pueda jugar su papel de vanguardia de la clase obrera.

Sin entender esto los comunistas no pueden actuar sino a ciegas perdiéndose en caminos desviados, lo que los induce a lamentar lo poco de resultados obtenidos y finalmente desanimarse. Para poder avanzar en la construcción del Partido se necesita que el nivel de consciencia de la clase obrera se eleve, mientras la ausencia del Partido afecta gravemente ese proceso de elevación de consciencia. Es la visión del mundo materialista que permite constatar que no por ello somos condenados a ir en círculos. Las contradicciones inherentes al sistema capitalista y la lucha de clase que generan son fenómenos objetivos que surgen fatalmente del funcionamiento mismo de estas relaciones de producción; no son creados artificialmente por una acción humana intencional.

Es esta realidad que induce la clase obrera a oponerse a la burguesía et que le también permite, a través de su propia experiencia, comprender mejor el carácter de este conflicto. Hoy el sistema capitalista imperialista va a enfrentar grandes dificultades y piensa resolverlas intensificando la explotación de los trabajadores. Esto acarreará necesariamente la intensificación de la lucha de clase, y por consiguiente hará los trabajadores más aptos para asimilar la perspectiva que es nuestra como marxistas-leninistas.

Los comunistas con perseverancia y paciencia deben intervenir en esta lucha y utilizar todas las situaciones conflictuales que muestran la verdadera cara de la explotación capitalista, del estado burgués, des los medios represivos y judiciales. Deben utilizar los éxitos de la lucha pero también las derrotas, para explicar la necesidad de la solidaridad de clase, hacer progresar la consciencia de clase de los trabajadores, fundamentar con hechos la denunciación de los falsos amigos de los trabajadores, reformistas y otros, y de todas las falsas soluciones que se supone que hacen más soportable el sistema capitalista y mantienen la clase obrera bajo dominación política de la burguesía.

La incapacidad actual de los marxistas-leninistas de influir sobre esta situación conduce ciertos camaradas a preconizar el reagrupamiento, sin tardar, de las organizaciones, círculos, grupos existentes en una sola y misma organización. Por una parte es pura ilusión creer que eso permitiría a los marxistas-leninistas influir mejor sobre la situación política de la clase obrera. Por otra parte eso no tiene cuenta de la situación real de los marxistas-leninistas.

Es que no solamente los marxistas-leninistas están dispersos y poco numerosos, sino además el revisionismo condujo los militantes comunistas a una situación donde prevalecen las deformaciones de la teoría marxista-leninista y la confusión ideológica. El revisionismo tomaba varias formas desde la fundación de la teoría marxista-leninista, primero en oposición directa a Marx, Engels y Lenin, después con la contrarrevolución en Rusia iniciada por Khrushchev y luego con la aparición del "maoísmo". Los partidos "comunistas" que anteriormente encarnaron estas deviaciones son hoy, a lo mejor, partidos reformistas.

Claro que reagrupar los marxistas-leninistas en una misma organización marxista-leninista es un objetivo que el ROCML siempre ha proseguido. Pero una unidad organizacional sin que el debate ideológico sea conducido para superar las insuficiencias ideológicas y teóricas es condenada a la derrota. Recientemente en Francia, ciertas organizaciones intentaron una unidad organizacional como objetivo en sí, fracasaron. Lenin dijo que para unirse hay que demarcarse. Ese debate ideológico debe ser conducido y el ROCML aprovechará todas las oportunidades para contribuir a esa tarea.

La conferencia considera que el ROCML es la organización que conduce una política de acuerdo con este análisis, y que por esta razón su existencia hoy es una necesidad.

La conferencia invita todos los marxistas-leninistas a comprometerse a trabajar con él alrededor de los objetivos que se ha fijado o, mejor, juntarse a sus filas.